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BRICKHOUSE GARDEN

BRICKHOUSE GARDEN. UN JARDÍN A VISTA DE PÁJARO.

El proyecto partía de una idea muy clara: intervenir de manera profunda sin que la intervención fuese perceptible, respetando el jardín noucentista barcelonés, en el que nos encontrábamos. El objetivo era que, una vez finalizado el nuevo jardín, pareciese que nadie hubiese actuado sobre él, como si siempre hubiese sido así. Un espacio orgánico en el que, al entrar, se experimenta una inmersión inmediata en la naturaleza.

El jardín original, de carácter histórico noucentista barcelonés, presentaba una topografía compleja y un fuerte condicionante urbano. El reto fue transformar por completo el espacio manteniendo un respeto absoluto por el estado existente y por la vegetación preexistente. La proximidad de la Sierra de Collserola se convirtió en una fuente de inspiración constante, guiando la integración de la intervención con su entorno natural.

La nueva arquitectura exterior a habitar se concibió como un espacio polivalente, exuberante y de bajo mantenimiento, capaz de generar una relación continua entre la vegetación, el sistema urbano que lo contiene y el agua de nueva incorporación. Un refugio de calma y conexión con la naturaleza en pleno entorno urbano, funcional y acogedor, capaz de dar respuesta al programa requerido.

La complejidad del proyecto residió en ejecutar todos los movimientos de tierra necesarios manteniendo intacta la totalidad de la vegetación existente. Una intervención casi quirúrgica, de auténtico bisturí paisajístico, que permitió preservar la memoria del lugar y reforzar la sensación de un jardín que ha evolucionado de forma natural con el paso del tiempo.

La intimidad fue una preocupación fundamental. La tipología y las características de la trama urbana del emplazamiento exigían proteger los espacios interiores del jardín, evitando exposiciones visuales directas. Para ello, se trabajó con una disposición estratégica de la vegetación y con recorridos visuales controlados que garantizan privacidad sin perder luz ni apertura.

La materialidad —piedra, agua, vegetación y pavimentos— se eligió para dialogar de forma coherente, mediante una geometría clara y transiciones suaves, construyendo una estética orgánica y atemporal.

En términos de sostenibilidad, se incorporaron sistemas eficientes desde una conciencia clara de la red trófica en la que se inscribe el proyecto. Se planteó un uso del agua coherente y sostenible mediante una piscina embalse, y se seleccionó una vegetación adaptada al clima mediterráneo actual y a su evolución, priorizando especies de bajo consumo hídrico y alto valor ecológico y paisajístico.

Desde el inicio, el proyecto se abordó de forma conjunta entre los tres equipos redactores. Se aplicaron criterios de Passive House tanto en el interior como en el exterior, entendiendo el jardín como una parte activa del sistema arquitectónico. Calderón Folch Studio se encargó del proyecto de arquitectura, Nuria Navarro del interiorismo y nuestro estudio del diseño y la arquitectura exterior.

Se optó por conservar y poner en valor las estructuras existentes capaces de convivir con el nuevo jardín —un antiguo garaje reconvertido en taller y una caseta de herramientas del siglo XIX— integrándolas de forma natural en el nuevo paisaje.

Brickhouse Garden es, en definitiva, un jardín vivo y transformador, de carácter discreto y profundamente natural, que no busca imponerse, sino pertenecer al lugar, como si siempre hubiese estado ahí.

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